
Casi nadie se acordará de ese joven candidato del Partido Comunista de España que en 1976 se presentaba al Congreso por la provincia de Teruel. Un joven con acento gallego, licenciado en Ciencias Políticas y quien durante sus años de estudiante fue un referente de la lucha contra el Franquismo. Pero él si se acordaba de Teruel y de todo lo que le tocó vivir durante esa campaña electoral en nuestra provincia.
Ese joven era Enrique Curiel, quien nos abandonó el pasado día 2 de marzo tras cinco meses de lucha contra un devastador cáncer de colon.
Tuve la suerte de conocer a Enrique durante mis años de Facultad. El profesor Curiel era de los pocos profesores que te animaba a coger el fusil dentro de las aulas para defender los intereses de los estudiantes, era quien siempre estaba dispuesto a escuchar, a tomarse un café y a invitarnos a la reflexión.
Recuerdo sus llamadas intempestivas para proponerme traer a gente de diferentes ideologías, durante mi última etapa como delegado de Facultad.
Un Curiel sonriente con su acento gallego siempre conseguía embaucarme, gracias a su gran capacidad de oratoria, para movilizar a los estudiantes para que asistieran a las más diversas conferencias.
Gracias a él conocí a Josep Piqué hablando de internacionalismo, compartí mesa con Patxi Zabaleta, exlíder de la extinta Herri Batasuna y en la actualidad líder de Nafarroa-Bai, quien estuvo hablando de los retos de Euskadi para una resolución pacífica del conflicto vasco.
Esa relación profesor-alumno se extendió a lo largo del tiempo hasta el final de sus días, cuando yo ya no era estudiante de la Facultad y el ya no era mi profesor. Un profesor brillante que te invitaba a la reflexión permanente, un político integrador de los que, lamentablemente, ya no quedan y un amigo, un buen amigo.
Recuerdo a un Curiel en la tarima de la Facultad explicando la teoría de la clase política de Mosca. Cómo le brillaban los ojos al afirmar que la lucha por la democracia y la igualdad habían conseguido romper la idea de clase política.
Enrique fiel a su humor acababa afirmando a gritos: “Sres, la clase política ya no existe. Pero eso no implica que las personas que se dedican a la política tengan que perder la clase que se les presupone”.
Quedará pendiente ese café, borraré el teléfono al que ya no podré llamar más y recordaré con una sonrisa todo lo bueno que aprendí. Descansa en Paz profesor Curiel y amigo Enrique.
1 comentarios:
Siempre en nuestra memoria y en nuestro corazón. Muchas gracias por estas palabras de emoción y recuerdo.
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